Cada vez prestamos más atención a lo que ponemos en la cesta de la compra. Queremos conocer los ingredientes, el valor nutricional, la presencia de alérgenos… y también el origen de los alimentos que consumimos.
Sin embargo, al revisar la etiqueta de algunos productos, es habitual hacerse la misma pregunta: ¿por qué no aparece el país de origen? ¿Significa eso que falta información o que el producto es menos fiable?
¿Qué dice la ley?
Aunque pueda sorprender, la legislación europea no obliga a indicar el país de origen en todos los alimentos. Esta información solo es obligatoria en determinados productos, como las frutas y verduras frescas, el pescado, la miel, el aceite de oliva o algunas carnes, así como en aquellos casos en los que su ausencia pudiera inducir a error al consumidor sobre el verdadero origen del alimento.
En el caso de muchos alimentos elaborados, como los platos preparados, la normativa no exige que figure el país de origen en la etiqueta. Y eso no significa, en ningún caso, que exista una menor transparencia o un menor control sobre el producto.
De hecho, las etiquetas contienen mucha más información de la que solemos imaginar. En ellas encontramos la lista completa de ingredientes, la información nutricional, los alérgenos, la fecha de consumo preferente o de caducidad, las condiciones de conservación, las instrucciones de preparación, el lote y la empresa responsable de su comercialización. Todos estos datos permiten al consumidor conocer qué está comprando y cómo consumir el producto de forma segura.
La trazabilidad
Aunque no siempre aparezca reflejada en el envase, todos los alimentos comercializados en la Unión Europea deben poder seguirse a lo largo de toda la cadena alimentaria. Esto significa que las empresas conocen el recorrido de las materias primas, sus proveedores y los procesos por los que ha pasado cada producto hasta llegar al supermercado. Es un sistema fundamental para garantizar la seguridad alimentaria y actuar con rapidez si fuera necesario.
En los platos preparados, esta trazabilidad y los controles de calidad son especialmente importantes. Se trata de alimentos que cumplen con una estricta normativa europea y nacional en materia de seguridad alimentaria, etiquetado e información al consumidor. Por eso, aunque la etiqueta no indique siempre el país de origen, sí ofrece toda la información necesaria para que el consumidor pueda realizar una compra informada y con garantías.
En definitiva, conocer el origen de un alimento puede ser un dato de interés, pero no es el único que determina su calidad o seguridad. Aprender a interpretar el etiquetado y confiar en los sistemas de control y trazabilidad que existen detrás de cada producto es la mejor forma de entender qué llega realmente a nuestra mesa.
Porque, más allá de un país en una etiqueta, lo verdaderamente importante es saber que el alimento que consumimos ha sido elaborado siguiendo los estándares de calidad, seguridad y transparencia que protegen al consumidor en cada etapa del proceso.