De acuerdo con el balance presentado hoy por la asociación Platos Preparados de España, durante el pasado año se consumieron un total de 715.052 Tn[1] de platos preparados, registrándose un nuevo record que consolida la tendencia de crecimiento sostenido del sector durante la última década. En términos de ventas, se alcanzaron los 4.309 millones de euros, un 5% más que el pasado ejercicio.
Un desarrollo imparable que responde a su capacidad para adaptarse a las nuevas tendencias de consumo, a los nuevos estilos de vida de los hogares y a los cambios en los comportamientos del consumidor que están acelerando el crecimiento de la categoría.
En un contexto generalizado de priorización del tiempo familiar y de ocio vs. el tiempo dedicado a la cocina, asistimos también a un cambio en los hábitos de las nuevas generaciones que muestran una menor vinculación con los asuntos culinarios. “Los platos preparados han pasado de ser una opción puntual en la mesa de los españoles a una solución integrada en su dieta cotidiana, adquiriendo incluso un papel cada vez más relevante, en celebraciones donde su presencia habría sido impensable hace apenas unos años”, señaló el secretario general de la asociación Platos Preparados de España, Alvaro Aguilar.
En este sentido, los platos preparados han sabido evolucionar con una propuesta de valor basada en la calidad, la variedad y la facilidad de preparación, que está disponible en múltiples formatos ajustados a diferentes momentos y tipos de consumidor. A estos factores hay que añadir que la mayor vida útil de estos productos facilita la planificación de la compra, reduce la frecuencia de las visitas al punto de venta y contribuye a minimizar el desperdicio alimentario.
La integración de los platos preparados en la vida de los españoles también se refleja en el crecimiento del consumo per cápita. En 2025, cada español consumió una media de 18 kilos de platos preparados, un 4,7% más que el año anterior, frente a un incremento del 0,6 %[2] del conjunto de la alimentación que confirma al sector como uno de los grandes motores de desarrollo de la alimentación en España.
De plato de aprovechamiento a exquisitez culinaria. La lasaña es una de las recetas más populares de la gastronomía italiana que ha traspasado fronteras y que cada día gana más adeptos. Prueba de ello es que, según datos de la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (ASEFAPRE), el consumo de lasaña congelada en el hogar se incrementó un 6,2% en 2020, alcanzando las 9.269 toneladas consumidas.
De acuerdo con Álvaro Aguilar, secretario general de ASEFAPRE, una de las claves del éxito de esta popular receta se encuentra en su capacidad para deleitar a mayores y a pequeños. “La lasaña es un plato que gusta a toda la familia pero que requiere dedicación, y por eso contar con una opción lista para tomar, fácil y rápida de preparar, y a la vez sabrosa y nutritiva ha contribuido a que este segmento haya crecido en el último año”, señala Aguilar.
El origen de la lasaña, aunque incierto, es antiguo. Ya el mismísimo Cicerón escribió sobre su pasión por el “laganum”, un plato formado por tiras de pasta alargadas, e incluso hay versiones que aseguran que el vocablo proviene del griego “lasanon”. Sin embargo, lo más probable es que hasta el siglo XVIII no apareciese un plato similar a la lasaña al horno que conocemos hoy en día.
Aunque parezca una receta sencilla, su elaboración requiere de mucho tiempo y cierta pericia para lograr el punto perfecto. Según los expertos, únicamente para preparar una buena salsa boloñesa se necesitan entre tres y cuatro horas.
Para disfrutar de una lasaña sabrosa en su punto en pocos minutos, el sector de platos preparados innova constantemente y ofrece nuevas variedades que van desde su versión más clásica, elaborada con salsa boloñesa, hasta las más creativas de salmón, de espinacas y requesón, o de atún, entre otras propuestas, e incluso cuenta con propuestas elaboradas con pasta integral o con ingredientes vegetales.